Comer en China


La gastronomía china es de las más ricas, variadas y saludables del mundo, y una de las más extendidas por otros países. La gastronomía y restauración es la actividad económica que emplea a un mayor número de chinos, y es como si este pueblo llevara el arte de la cocina en sus venas. En cualquier país remoto, en cualquier isla perdida, el viajero experimentado habrá encontrado el inconfundible letrero anunciando un restaurante chino, el viaje a China será una gran oportunidad para conocer y disfrutar de esta cocina. Lo primero es avisar que los platos que se comen en los restaurantes chinos del exterior tienen muy poco que ver con los que sirven en China, apenas son una pequeña muestra adaptada de la mejor forma posible a los gustos del país.

La gastronomía china es la mejor del mundo, sobre todo los restaurantes buenos ayudan al viajero a convertir sus comidas en una fuente importante de placeres y satisfacciones.  Para ello el viajero ha estar dispuesto a superar varias dificultades. La primera es psicológica, ese temor a que se le sirva sin previo aviso algunos de estos animales tabú en Occidente, como perro, gato, serpiente o rata. Las carnes de consumo habitual son cerdo, vaca, pollo, pato y raramente cordero, los restaurantes sólo servirán lo que se pida, el perro sólo lo consumen algunos chinos, preferentemente en invierno, y los otros animales son exclusivos de la comida cantonesa. La segunda barrera es la higiénica, especialmente si se viaja por lugares remotos, donde sólo cabe recomendar al viajero que tome las debidas precauciones, como evitar las verduras crudas o las frutas sin pelar; y la tercera es la idiomática, que en las siguientes líneas trataremos de amortiguar.

La variedad de restaurantes es enorme. Y la gama de precios tan amplia como se pueda imaginar. Desde los pequeños restaurantes de barrio donde comen los vecinos (muchos chinos no cocinan nunca y comen cada día en restaurantes) en los que un plato de tallarines con carne o de arroz frito puede costar 6 o 7 dólares, hasta los lujosos restaurantes que anuncian sus menús a 1.000 Y  o más por cabeza. Pero un coste normal de una comida se puede calcular entre 60 y 80 Y por persona.

Al llegar a un restaurante la recepcionista suele preguntar por el número de comensales para acomodarles en la mesa del tamaño adecuado. Una vez sentados una camarera lleva la carta a la mesa, y se queda con la libreta de comandas en actitud cooperativa esperando que el cliente elija. A veces animan a comer demasiado, otras cooperan buscando la satisfacción del cliente. Por regla general una persona suele quedar satisfecha con dos platos, y es costumbre pedir tantos platos como comensales haya más uno. Al final pregunta si se desea alguna sopa, arroz o tallarines, y por la bebida con que se acompañará la comida. Es conveniente recordar que la medida de peso en China es el jin, que equivale a medio kilo, y es en jin en lo que se suele anunciar el precio de mariscos y pescados que se vendan al peso. Es perfectamente correcto comer sólo con té, aunque siempre hay cerveza, refrescos, licores y agua mineral. Pero no lo es en un restaurante normal, pedir sólo arroz frito, sería como pedir en España pan y mantequilla nada más. Los chinos comen con palillos, y excepto en los restaurantes frecuentados por extranjeros, no hay tenedores. El uso de los palillos no es difícil, basta con un poco de interés. Cada uno los coge de una forma, pero es importante saber que el palillo superior es el que se mueve, con el dedo índice, y el inferior queda quieto. Habitualmente los comensales toman con los palillos la comida directamente de los platos y bandejas situados en el centro, y se la llevan a la boca. Si es un trozo muy grande, o se desea enfriar, se puede dejar en el plato. En comidas elegantes, una camarera servirá a cada comensal en su plato, o cada uno se sirve al plato con una cuchara.

Hay algunos viajeros que al llegar a un restaurante utilizan la vieja técnica de mirar lo que comen los comensales y señalar lo que les parece más apetitoso, técnica muy recomendable ya que lo que preparan bien en un sitio puede ser distinto a lo de otro lugar, y los chinos nunca se sentirán ofendidos porque un extranjero se tome esa libertad.

 

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