La pintura de China



         La pintura china tiene una larga historia, en la época neolítica ya se acostumbraba pintar la cerámica. En la dinastía Zhou se comienza a pintar sobre la seda, durante la dinastía Han la mayoría de los artistas están monopolizados por los emperadores, que los emplean en la decoración de sus palacios y tumbas. En las dinastías siguientes, sobre todo con la Wei del Norte, en medio del fervor religioso que profesan los emperadores, los pintores también contribuyen a la propagación de la fe religiosa, sus murales dan a conocer las enseñanzas del budismo, tendencia que seguirá vigente hasta la dinastía Tang, donde se realizan las mejores pinturas de esa gran pinacoteca de la pintura china que son las Grutas de Dunhuang.




         Es durante esa dinastía Tang en la que las artes alcanzan su máximo esplendor, cuando la pintura china adquiere las características básicas que permanecen hasta nuestros días. Se crean dos géneros independientes: la pintura de paisajes y la pintura de flores y pájaros (siglos después se añadirá la pintura de retratos), y surgen dos escuelas de pintores que han llegado hasta el presente, una es la pintura gongbi, con un estilo realista y meticuloso, que presta gran atención a los detalles, y la otra es la pintura xieyi, o de pinceladas más libres, que se convertirá en la expresión favorita de los pintores de los siglos posteriores. La primera es esa pintura minuciosa, que tanto nos gusta a los profanos, la segunda es la más complicada, la que, en cierta forma, distingue al genio del artesano, pero que hace complejo descifrar su significado.




         Las principales diferencias entre la pintura china y la occidental están:

·      Utilización de la perspectiva con múltiples puntos focales, con lo que escenas que suceden   a diferentes distancias se nos presentan con igual nitidez. Lo que resalta los motivos que a juicio del autor, son más relevantes.

·     Importancia de las líneas, y con ellas de los contornos, las sombras.

·      Un alejamiento radical de todo intento de representar la realidad, centrándose, por el contrario en la expresión de los sentimientos poéticos que esa realidad evoca en el artista.

·      Utilización de diferentes tonos de negro para dar vida al objeto retratado.

·      Adicción de una pequeña escritura y un sello que complementan la obra de arte.

 

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