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El Templo de Lama

El Templo de Lama


    En la esquina nororiental del Segundo Cinturón de la ciudad,está el famoso  Templo de los Lamas. Es el más grande de los templos lamaístas de la capital y a su vez una de las construcciones religiosas más interesantes.


    El Templo de los Lamas fue construido como el palacio del príncipe Yongzhen, antes de subir al trono imperial de la dinastía Qing. Cuando Yongzhen se convirtió en emperador, no parecía conveniente permitir que ningún otro miembro de la familia real viviera en su palacio, por lo que se decidió convertirlo en un templo.


    El primero que llama la atención es su propio aparcamiento, en el que hay tres grandes y bellos pórticos chinos, la mayor concentración que se da en la capital, aunque están casi ocultos por los numerosos autobuses aparcados.


    Una vez atravesando la puerta, hay que caminar por un cuidado corredor que desemboca en una pequeña plaza. A sus lados están la Torre de la Campana y la Torre del Tambor que marcaban las actividades de los monjes en el templo. Enfrente el primero de los salones. Como en todos los templos los salones van ganando en interés según se avanza hacia el interior.
El Salón de la Eterna Armonía, con los tres Budas del pasado, presente y futuro, y los grandes molinos de oración a su lado. En él destacan especialmente las bellas decoraciones de las paredes y el techo del templo.


    En el Salón de la Eterna Protección hay dos tankas especialmente famosos, pues se dice que fueron bordados por la madre del emperador Qianlong. Tras esta sala hay una escultura en bronce que representa el Monte Meru, sagrado para los budistas y lamaístas.


    Más allá se encuentra el Salón del Arte Tántrico. Es posiblemente la sala más bella de este templo, y una de las más originales construcciones de la China antigua. Los tragaluces que se abren en el techo no se pueden ver en ninguna otra construcción. Aquí, dejan bajar la luz entre cuatro paredes decoradas con sus respectivos tankas, lo que le da un aspecto mágico, tornasolado. La escultura de Tsongkapa, el fundador de la secta gelugpa, dominante en el Tibet, tiene una serena belleza difícil de encontrar en otros templos. En las paredes laterales hay pinturas que profundizan en el carácter mágico de la religión lamaísta. El último es el Salón de las Diezmil Felicidades, es el más majestuoso, con una colosal escultura de Buda de 18 metros tallada en un sólo tronco de sándalo (la mayor del mundo) en su interior, así como una gran biblioteca de textos budistas. El Salón se construyó después de colocar en su interior la enorme estatua, que evidentemente no cabe por la puerta.

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